La grasa visceral no es solo un depósito inerte,  puede «actuar» en su contra

La grasa visceral no es solo un depósito inerte, puede «actuar» en su contra

 

Si la cintura del pantalón aprieta más y sus análisis muestran señales preocupantes, no es casualidad. Si a eso le suma que duerme mal, tiene más hambre o su energía y rendimiento han caído, la respuesta puede estar en la grasa visceral y es porque cuando el tejido graso se vuelve disfuncional —lo que a veces se llama “hiperactivo”— genera inflamación y modifica hormonas que afectan su metabolismo y riesgo cardiovascular. Aquí tiene por qué, cómo detectarla y qué hacer de forma práctica y sostenible.

 

¿Qué significa que la grasa sea “hiperactiva”?

El tejido adiposo funciona como un órgano endocrino: secreta leptina, adiponectina, citocinas y otros mediadores que influyen en el hígado, el músculo y el sistema inmune. Cuando ese tejido, especialmente el visceral (alrededor del hígado, intestinos y corazón), se inflama y se desregula, aumenta la producción de citocinas proinflamatorias (por ejemplo, TNFα, IL6) y disminuye la adiponectina. El resultado: resistencia a la insulina, mayor riesgo de hígado graso y mayor riesgo cardiometabólico.

 

¿Qué personas son las más propensas a la grasa hiperactiva?

Usted corre más riesgo si presenta:

- Acumulación de grasa central, es decir si su silueta tiene forma “manzana” y perímetro de cintura elevado.  Los marcadores orientativos suelen ser en hombres ≥94 cm; mientras que en mujeres ≥80 cm; aunque los puntos de corte varían según la etnia.

- Si usted tiene antecedentes familiares de obesidad central, síndrome metabólico o diabetes. También podría ser vulnerable por comorbilidades como el síndrome metabólico, diabetes tipo 2, hígado graso (NAFLD/MASLD), hipertensión. O si padece trastornos que redistribuyen grasa como el síndrome de Cushing, o el hipotiroidismo no tratado.

- Edad avanzada, hombres, y mujeres posmenopáusicas.

- Su estilo de vida también juega un papel crucial: el sedentarismo, consumo habitual de carbohidratos refinados y alcohol, y el estrés crónico sientan las bases para la acumulación de grasa visceral y sobre-activa.

  

Cómo abordar la grasa visceral “hiperactiva”: un enfoque práctico

El objetivo no es solo reducir centímetros: se trata de disminuir la masa visceral, restaurar el equilibrio de adipocinas y apagar la inflamación del tejido adiposo. Las intervenciones más efectivas son combinadas y sostenibles.

 

1)    Nutrición: balance energético y calidad para reducir inflamación

- Déficit moderado de ≈300–500 kcal/día. (Esto es si necesita bajar de peso) Evitar restricciones extremas que provoquen pérdida de músculo.

- Proteínas suficientes (≈1,6–2,2 g/kg de masa magra) para preservar tejido magro.

- Dele prioridad a carbohidratos de bajo índice glucémico y alta fibra como verduras y legumbres; reduzca azúcares añadidos y ultraprocesados.

- Opte por un patrón de grasas saludables: más grasas monoinsaturadas (aceite de oliva, frutos secos, aguacate), alimentos ricos en omega3 (pescado graso, algas, lino) y reducción de grasas trans/saturadas industriales.

- Moderación en el alcohol: su exceso favorece la grasa visceral y la esteatosis hepática.

- Algunas opciones útiles en casos específicos que requieren reconfigurar el metabolismo son la restricción energética intermitente estructurada (por ejemplo, 5:2) o ventanas de ayuno nocturno de 12–14 h, siempre adaptadas a su situación clínica y preferencia.

 

2)    Ejercicio estructurado: combinar la resistencia cardiorrespiratoria con fuerza

- Cardiorrespiratorio: 150–300 min/semana de intensidad moderada (zona 2; por ejemplo, caminata rápida, bicicleta). Esto mejora la adiponectina y reduce grasa visceral.

- Fuerza: 2–3 sesiones/semana para preservar masa muscular y mejorar la sensibilidad a la insulina y ayudar a normalizar la señalización del tejido adiposo (2–4 series × 6–12 repeticiones por grupo muscular).

- HIIT (Entrenamiento por intervalos de alta intensidad, por su sigla en inglés) puede sumar beneficios modestos si está bien dosificado, pero no es imprescindible.

 

3)    Sueño, estrés y ritmos circadianos 

- Dormir 7–9 h por noche y mantener horarios regulares reduce cortisol crónico y ayuda a controlar la adiposidad visceral.

- Prácticas de reducción de estrés como rondas de retención de aire, actividad física habitual, momentos de atención plena han comprobado disminuir la inflamación sistémica.

- Exposición a luz natural por la mañana y reducción de luz brillante por la noche facilitan un sueño reparador.

 

4)    Optimización metabólica y hormonal

- Control de glucemia: evitar picos de insulina con mejores elecciones de carbohidratos y actividad física regular.

- Diagnóstico y tratamiento de condiciones subyacentes (hipotiroidismo, Cushing, etc.) que favorezcan la redistribución de grasa.

  

5)    Soportes farmacológicos y procedimientos (seleccionados y bajo criterio médico)

- Los agonistas del receptor GLP1, inhibidores de SGLT2 y fármacos antiobesidad pueden reducir grasa visceral en pacientes seleccionados. No son la primera línea para todas las personas; su uso debe decidirse según riesgo, objetivos y tolerancia.

- Técnicas estéticas (criolipólisis, radiofrecuencia) actúan sobre grasa subcutánea y tienen efecto limitado sobre la biología visceral.

 

Protocolo práctico que le permite evaluar, estratificar y actuar

Evaluación inicial útil:

- Perímetro de cintura (punto medio entre cresta ilíaca y costilla inferior).

- IMC, presión arterial, glucosa en ayunas / HbA1c, lípidos, ALT/AST.

- Hábitos de sueño, nivel de estrés (p. ej., PSS4), consumo de alcohol.

Estratificación rápida:

- Verde: cintura normal y sin riesgo metabólico → mantenimiento y optimización.

- Amarillo: cintura elevada con marcadores limítrofes → intervención estructurada de estilo de vida.

- Rojo: cintura elevada con síndrome metabólico/diabetes → añadir opciones médicas según criterio.

 

Protocolo de acción sugerido: ejemplo para 12 semanas

- Nutrición: déficit moderado, alto aporte de proteína y patrón tipo mediterráneo.

- Ejercicio: 3–5 sesiones/semana combinando 150 min aeróbico y 2 sesiones de fuerza.

- Sueño y manejo del estrés: objetivo 7–9 h; técnicas simples de respiración y rutina nocturna.

- Seguimiento: medir cintura y algunos biomarcadores a las 8–12 semanas; ajustar según respuesta.

 

Errores comunes que conviene evitar

Enfocarse solo en la báscula: la pérdida de peso puede esconder pérdida de músculo; la circunferencia y la composición importan.

-       Dietas extremas o muy bajas en calorías sin supervisión conducen a la pérdida de músculo y a desordenar aún más el metabolismo.

-       Pensar que el ejercicio intenso es la única vía, en realidad, la consistencia del ejercicio moderado es más efectiva para la grasa visceral.

-       Ignorar el sueño y el estrés: incluso con dieta y ejercicio, la falta de sueño y el cortisol alto impiden cambios sostenibles.

-       Buscar soluciones estéticas para problemas viscerales: la mayoría de las técnicas no quirúrgicas actúan sobre la grasa subcutánea, no la visceral.

-     Automedicarse con fármacos o repetir protocolos ajenos sin valoración médica.

 

Para tener presente

Reducir la grasa visceral y “apagar” su actividad inflamatoria es posible con intervenciones estructuradas y sostenibles: alimentación de calidad con déficit moderado, ejercicio combinado, estrategias para mejorar la calidad del sueño y manejar el estrés de forma realista. Los fármacos y procedimientos tienen su lugar, pero en pacientes seleccionados y siempre con criterio clínico.

Si a usted le interesa, puedo convertir este protocolo en un plan de 12 semanas personalizado según su situación (objetivos, historial médico y preferencias). Contácteme a johannakollou@gmail.com  y lo vemos.

 

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